28.8.14

Barril, con o sin Fondo

Así es esto, un día toca estar de un lado y al siguiente del otro. Mi muy querido Alberto Serdán me manda, como si reto de balde de agua fría se tratara, el artículo que Leo Zuckermann publica en Excélsior hoy, titulado ¿Se justifica la existencia del Fondo de Cultura Económica?

La respuesta, desde donde yo veo la pregunta, es "Sí".

Voy por puntos:

Dice Zuckermann (en adelante "Z", porque en cualquier momento lo escribo mal y seguro me van a criticar por eso) que lo que hace el FCE estaba muy bien, pero en el mundo de hace 80 años. Que "el mundo ha cambiado". Sí, bueno, tampoco es el mismo que ayer, o que en 1914. De entrada me parece que criticar a una institución porque las características que dieron pie a su origen ya no son las mismas hoy es igual a preguntarle a un niño si de verdad necesita nuevos zapatos ya que le ha crecido el pie y ya no le entran los que dejó, casi nuevos.

Antes que esto --pero quería quitar ese argumento del camino primero-- Z dice que el estado (con baja inicial, señor Z, nadie va a confundir el estado mexicano con el estado de ebriedad), a través del FCE,  "subsidia la edición, producción, distribución y venta de libros que sólo lee una pequeña minoría que pertenece sobre todo a la clase media". Si bien sí es cierto que el estado "subsidia" las actividades del FCE, punto que abordaré más adelante, el resto de su frase es engañosa, si no de plano mentirosa. Estimado señor Z: ¿me podría señalar de dónde sacó el estudio o las cifras que le indican que esto que afirma es cierto? Se lo pregunto no tanto porque quiera que me demuestre que tiene razón, sino porque si yo, que llevo 10 años dedicándome a apostar a hacer libros de todo tipo, supiera de la existencia de tal base de datos o censo que me indicara quién, cómo, cuándo y por qué compra libros en este país, ¡y cuántos!, si yo tuviera esa información, sería rico. No, perdón, sería absurdamente multimillonario. Como Slim, para que me entienda. El punto de las apuestas de la industria editorial es que son eso, "apuestas" porque nadie sabe bien cuántos libros se van a vender de algún título. Entonces, por favor, por el bien de la industria, ¿nos podría pasar sus fuentes? Además de eso, Z afirma que los libros sólo los "lee una pequeña minoría". Por favor, si los editores no sabemos quién los compra, ¿cómo vamos a saber quién los lee? La gente regala libros, los guarda sin leer, los olvida, etc. El ejemplo directo de esto es que los que compran libros infantiles (sí, esos que le parecen "estupendos") no son los mismos que los leen. Esto no es exclusivo de los libros, Z; no le vendrían mal unas clases de Marketing, en Coursera hay unos cursos muy buenos y son gratis.

En lo que sí tiene razón Z es en la palabra "minoría", porque, sí, la cantidad de lectores de libros en México es, desafortunadamente, ínfima. Pero sólo en eso, porque aquí se le escapa a Z la crítica. Dice, en dos párrafos distintos, que el problema es que el FCE tiene demasiadas librerías, según él 22 y "dos de ellas, magníficas", y agrega que "este ya es un país donde hay tiendas de libros en todas las ciudades". A ver. Primero, el FCE no tiene 22 librerías, tiene 24 nada más en México, 35 en todo el mundo, esto según su propia página y según la Wikipedia. Yo nomás digo que, si vamos a criticar, vamos a hacerlo bien. En segunda, varias de estas librerías son, si no magníficas, más que muy decentes. Hermosas, a mi juicio más que la propia Octavio Paz en Miguel Ángel de Quevedo que a Z le parece magnífica, son la Daniel Cosío Villegas, en Av. Universidad, la Elsa Cecilia Frost, en el centro de Tlalpan, la Edmundo O'Gorman dentro del AGN y la José Luis Martínez en Guadalajara, sin contar la del Centro Cultural Gabriel García Márquez, en Bogotá, la Juan Rulfo, en Madrid y la Pórtico en Washington, D. C. Luego, el decir que México es un país que tiene tiendas de libros en todas las ciudades es apenas y sólo cierto si uno cuenta los Sanborns y Walmarts como librerías (al fin ahí venden libros, ¿no?; se nota que al no escribir "librerías" Z quería defenderse a priori de este dicho, ni modo). Decir que no hay necesidad de que el estado tenga librerías ante la situación de que hay una librería en este país por cada doscientos mil habitantes o más, cuando en Argentina hay una para cada quince mil habitantes, es, bueno, se me acabaron las analogías.

Luego dice Z que hoy hay muchas editoriales, "de todos los tamaños", además del internet. Se necesita ser intencionalmente obtuso para creer y afirmar que publicar algo en el FCE es igual que publicarlo en mi pinchurriento blog, en una editorial pequeñita o en el periódico (sin adjetivos) donde Z publica sus columnas. Lo único que tiene un sello, lo único que da altura a un editor y a una editorial, es su nombre y su catálogo. Su historia. Y el FCE no tiene más que eso, al igual que el resto de sus competidores en el mundo. Y si hoy hay en México más competidores que hace 80 años es porque los lectores y editores han crecido al mismo tiempo que el FCE. Sin el Fondo sería imposible imaginarse que sellos como Era, Siglo XXI o más recientemente Almadía o Sexto Piso tuvieran el lugar que tienen hoy, o incluso que hubieran surgido de principio. Porque aunque Z se queja amargamente de que el FCE ganó (y pagó el adelanto con dinero "subsidiado") el libro de Piketty, en última instancia no importa quién lo publique porque los libros que se venden mucho abren espacio para otros libros y lectores. Esto es porque ningún libro es reemplazo de otro. Si uno come en un restaurante ya  no va a comer a uno distinto, pero un libro no sacia el hambre de otro. Si Z quisiera leer las 50 sombras de Grey y alguien le regalara El Leviatán, difícilmente se sentiría satisfecho, pero alguien que busca el libro de Piketty bien puede comprar también un diccionario de filosofía Larousse o un estudio del marxismo de Siglo XXI y todos se ven beneficiados. Los editores saben bien esto y por eso agrupan sus libros por colecciones, no porque alguien vaya a completar la colección (como estampitas del mundial) sino porque los libros similares se acompañan en ventas: basta, muchas veces, que se venda el primero.

Ahora, el tema del subsidio. Sí, el FCE recibe dinero del estado para editar y producir libros. Es una editorial descentralizada del gobierno federal, adscrita a la SEP, al igual que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. De hecho el INBA(L) y el FCE se parecen mucho, sólo que con uno el estado subsidia todas las bellas artes y con el otro el estado subsidia la edición de libros. ¿Le parecerá mal a Z que, habiendo tantos teatros en todo el país y en la ciudad, que el INBA(L) exista? Es casi lo mismo. Otra cosa es que los libros en este país están subsidiados todos. Sí, porque no tienen IVA ni otros impuestos. Y muchos, muchísimos libros publicados en México tienen apoyo del Conaculta, que convoca regularmente para apoyos a la edición, distribución, exportación y traducción de libros. Incluso compran, el Conaculta y la SEP, ediciones especiales de todas las editoriales avecindadas en México, aunque no sean mexicanas de origen, para bibliotecas, bibliotecas de aula y programas especiales. (Aquí hay un punto loco: el Conaculta también publica libros, a través de su Dirección General de Publicaciones; si el FCE ya es una institución editorial del estado, ¿para qué quiere el estado que el Conaculta publique libros también? Un tip para el siguiente artículo, señor Z).

Así que la industria editorial en México está subsidiada, no sólo el FCE, que al menos regresa una parte de lo invertido directo al presupuesto del año siguiente. Dice Z que "de acuerdo con el presupuesto de 2014, este año el FCE ejercerá 461 millones de pesos. Venderá unos 212 millones de pesos y recibirá un apoyo fiscal de 238 millones. De ese tamaño es el subsidio que recibe el FCE de los contribuyentes. ¿Se justifica? No lo creo." No se me ocurren más de cinco instancias gubernamentales en este país que reciban dinero y produzcan, no sólo gasten, y el Fondo es una. A veces logra, en FCE, regresar todo. A veces, la mayoría, no, pero no quiere decir que no lo sea la intención. Y aunque no devolviera un peso más, de todos modos esos 238 millones es el 0.3% del presupuesto federal del año en curso, y menos del 0.00001% del PIB de México para 2013. No me parece mal.

Creo que, además de todo, a Z se le olvida la razón de ser del FCE. Esta es traer a México y a sus lectores lo más destacado de la cultura creada en otras lenguas y regiones del conocimiento y llevar lo más destacado de la cultura escrita mexicana (sobre todo la literatura, pero también todas las otras ramas del conocimiento y cultura) al mundo de habla hispana, primero, y al mundo en general después. Yo he conocido gente que lee a autores mexicanos en todo el mundo porque el Fondo trata de cumplir su misión y los lleva hasta esos sitios en ferias, festivales, representaciones y otras misiones culturales. Y no sólo lleva lo que se vende; le podría enumerar de memoria a Z más de 100 libros que nadie hubiera publicado (ya por dificultad, precio, retorno de inversión, costos u oportunidad) si no hubiera sido el Fondo. Libros de autores que luego alcanzaron gran valía nacional e internacional, pero que en tanto fueron reconocidos resultaron empresas perdedoras para la producción y los réditos del sello. ¿Le gustaría a Z un mundo sin los libros de Amparo Dávila, por ejemplo? Tal vez sí, y de ahí su pregunta.

Por esto último es que el que el FCE se salga de los preceptos de su misión y estatutos sea tan criticable: de por sí es una institución poco comprendida, como para que además los que la dirigen se dediquen a salir en la tele y a publicar apps para ipad. Eso sí que es criticable, no el traducir y publicar a Piketty.

Por último, a Z se le olvida que el origen del problema de los libros en México es educativo y no de presupuestos. Si más gente leyera en este país, al nivel de España o Chile, el FCE no sólo devolvería completo su presupuesto, sino que lo duplicaría o triplicaría. Pero la gente no lee porque la educación básica y secundaria en este país deja mucho que desear, por decir lo menos. No hacen falta más universitarios; hacen falta más lectores.

25.8.14

Fondo tocado

Podría apostar que la segunda emisión del programa televisivo "Conversaciones A Fondo", espacio que produce y organiza el FCE, que se transmitirá en la televisión mexicana el próximo 26 de agosto de 2014 versará, al menos una buena parte, si no todo, sobre Julio Cortázar, quien en un mejor universo estaría celebrando su centésimo cumpleaños. Y eso está muy mal. No por Cortázar, a quien admiro como cuentista y como novelista y como poeta, ensayista, pensador, y, en general, como gran persona de manos grandes, cual cronopios. No, está mal por el Fondo.

Está mal no porque Cortázar sea un mal tema cultural, nadie podría decir tal cosa, ni porque no haya sido un buen escritor, cosa que tampoco creo se podría decir fácilmente. Que el programa se dedique al Gran Cronopio sería malo porque el FCE no tiene libros del autor en su catálogo. Bueno, sí tiene: dos. Uno, Rayuela, que en estricto sentido no publicó el FCE, que sólo lo distribuyó, sino la red ALCCA, que publicaba la hermosa Colección Archivos, libro que no se consigue, al menos, desde 1997 y que la página del FCE ni siquiera consigna. El otro es Todos los fuegos el fuego, libro que también se consigue, más barato, en otros fondos editoriales. Así las cosas, y para términos de promocionar las obras en su catálogo, daría igual que en la segunda emisión de Conversaciones A Fondo se hablara (a fondo) sobre la obra de los hermanos Salinas de Gortari: Carlos y Raúl, que cuentan, cada uno, con una obra publicada bajo el sello del FCE: Carlos el título Producción y participación política en el campo y Raúl Agrarismo y agricultura en el México independiente y postrevolucionario título que no aparece, al igual que el ya mencionado Rayuela, en el catálogo de la página del FCE (pero sí en su Catálogo histórico, un Excel interminable actualizado por última vez hace dos años que cualquiera puede descargar aquí).

No digo que esté mal que el FCE promocione la obra de Cortázar, promocionar la lectura es loable en cualquier instancia, sino que al ser la editorial más importante de México (según indica la entrada de la editorial en la Wikipedia) y tener el catálogo más extenso de libros (y similares) de autores mexicanos en el mundo, no sólo literarios, sino también científicos, técnicos, políticos, filosóficos, historiográficos y artísticos, sería mucho mejor hablar y difundir la obra que la editorial publica bajo su propio sello y forma parte de su catálogo. Sería mejor no sólo porque yo lo digo, sino porque la institución tiene, como parte de sus estatutos y de su misión, el difundir la cultura mexicana y los libros que publica, por el mundo. Si para la editorial producir un programa que no habla de libros es ya es una violación de su Estatuto Orgánico, como bien apunta Jesús Silva-Herzog Márquez, que en sus emisiones televisivas se hable de libros que la misma instancia no publica, al mismo tiempo que mejor que no hablar para nada de ningún libro o autor como sucedió en su primera emisión, sería como burlarse más aún no sólo de sus televidentes, sino, mucho peor, de sus lectores, clientes, colaboradores, amigos.

Pero supongamos que en Conversaciones A Fondo esto que digo no les podría importar menos y hablan sobre Cortázar. Sí, pero en el panel, en vez de Lily Téllez y Pablo Hiriart, están Ignacio Solares, Nacho Padilla, Sandra Lorenzano, Julio Ortega, todos ellos conocedores del autor y de la vida y obra del argentino y con obras publicadas en el FCE, tanto sobre Cortázar como de otros temas. Y supongamos que tienen otros invitados e invitadas y no sólo hablan de Cortázar, sino del Boom Latinoamericano y de su influencia sobre la literatura hispanoamericana, y el lugar clave que tuvo el FCE en su difusión y antecedentes. Y si esta conversación fluyera hacia cómo la cultura nacional e hispanoamericana se ha forjado desde y para el FCE, tal como apunta Héctor de Mauleón, como reflejo de lo mejor que somos y podemos ser desde el potencial de los libros, qué delicia serían los programas: versarían entonces sobre cómo una pequeña instancia editorial académica mexicana se convirtió en referente esencial para la cultura en todas sus expresiones de la mano de directores como Arnaldo Orfila, José Luis Martínez, y Jaime García Terrés, entre otros. Desafortunadamente, por cada uno de ellos, el FCE también ha tenido épocas, literaria y culturalmente, oscuras; épocas en las que el servilismo de la institución al estado que la cobija y que mantiene un edificio donde 300 personas hacen el trabajo que podrían hacer 30 ha sido mucho más evidente y su luz ha brillado mucho menos; son épocas que reflejan un olvido, desconocimiento total y voluntario y hasta desdén por sus libros, autores y lectores, personificadas por Salvador Azuela, Francisco Javier Alejo, Miguel de la Madrid y los que la dirigen desde comienzos de 2013. Los ejemplos de esto en cada una de estas etapas, como el programa de televisión que ahora nos ocupa, abundan.

En este último sentido, también es probable que la próxima emisión de Conversaciones A Fondo no trate para nada de Cortázar, ni de autor literario alguno, sino que sea sólo una "mesa" donde los mismos periodistas de la vez anterior "discutan" las recientes reformas educativas, en telecomunicaciones y energéticas, sin mencionar, ni de pasada, otra vez, un solo libro, publicado o no por el Fondo, indistintamente. Si esto es así, será mucho más risible y digno de mofa que todo lo que pueda yo escribir aquí.

He dudado por días si debo publicar esto. ¿Es necesario que lo diga alguien? ¿Es necesario que lo diga yo? ¿Es necesario que lo diga yo ahora? Me pregunto. Y a todas estas preguntas la respuesta parece ser sí. O la menos quiero creer que es así.



5.6.13

El silencio de 98 ojos

Pensé que con el paso del tiempo, de los años, me iba a dejar de afectar, pero no. Y he visto cosas impactantes, fotos inolvidables, escenas estremecedoras. ¿Y quién no, verdad? Si hay algo que facilite el internet es eso: heridos, estallidos, guerras, muertos, destrucción, violencia, shock.

Pero esto es distinto. Esta imagen... la he visto varias, diría que cientos de veces, y cada vez es igual. Algunas veces me la encuentro sin querer, otras la he buscado a propósito. Es, sin duda, una imagen especial.

Y no es ni siquiera toda la imagen lo que me afecta igual, no. Es sobre todo un recuadro, y dentro del recuadro, un par de ojos.

La imagen está compuesta por 49 recuadros. En cada uno está la foto de un niño o niña. Un bebé. Un bebé de entre casi cincuenta que murieron al quemarse su guardería. Noventa y ocho ojos, en silencio.

El par de ojos más grandes está en la primera fila. La bebé te mira con su par de enormes pedazos de cielo. Te mira y te mira, sin hacer ruido.

Detrás de los recuadros queda la posibilidad. Lo que pudo haber sido, lo que nunca fue, lo que se pudo haber hecho distinto. Detrás del silencio también hay sonido.

No puedo dejar de pensar en sus voces. Los bebés son todo sonido. Antes que intención ya son llanto, antes que cariño ya son voces, antes que besos ya son pequeños gritos.

Miro la imagen, los ojos del cielo me miran y escucho la voz de los ojos. Me llaman ¡Papa! ¡Papai! te llaman ¡Mamá! ¡Mamú! y el calor sube y el sofoco aumenta y las pocas palabras que tiene, que son todas las del mundo, siguen ¡No! ¡No! ¡Papai! ¡apai! ¡ai! ¡ay! ¡ayay! ¡yaaa! ¡Mamáa! ¡Maaaa!

El llanto. El grito. Y luego el silencio. Un estertor, el fuego. El sofoco, por favor, primero el sofoco, el desmayo antes que el fuego, por favor.

Los ojos me miran y yo escucho. Escucho el vacío, escucho el miedo, escucho la ausencia. No por valentía, no por temor, no por sentirme solidario, ni distante. Escucho porque esos ojos me lo piden. Escucho porque no me queda más remedio, escucho porque la alternativa es mucho peor.

Luego, a veces rápido, a veces más lento, alejo la mirada. No somos sino eso: unos ojos enormes, hermosos, que alguna vez estuvieron, y silencio.


30.11.12

de Guadalajara a Guatemala

En menos de seis días he ido de Guadalajara a Guatemala, donde me encuentro ahora. Sé que hay un chiste en la frase que acabo de escribir, pero nomás no lo veo.

Creo que Guadalajara y la Ciudad de Guatemala se parecen bastante. Además de el comienzo en sus nombres (cosa que poco ayudó a mi confusión ante el mostrador de la aduana, cuando no pude explicar de dónde venía y cuál era mi destino final sin confundir ambos nombres un par de veces) ambas son ciudades de amplias avenidas y distribuidores casi recién inaugurados, glorietas y rotondas, varias zonas turísticas vagamente definidas e intercaladas con centros de negocios, zonas industriales, centros comerciales y viejas zonificaciones residenciales que de pronto se hallan a espaldas de un Burger King. Los perfiles de los edificios se parecen también, al igual que la arquitectura de los más destacados en altura.

Tanto Guadalajara como la Ciudad de Guatemala son como versiones más manejables, más despejadas y respirables, con menos tráfico y más civilidad (al menos en el tránsito vehicular) que la Ciudad de México. En este sentido, Guatemala entera es como México en un universo paralelo; es como el mundo del Superman Bizarro en los SuperAmigos. Hay muchas cosas que se parecen ambos países (hoy fui a Antigua y las similitudes con pueblos como San Miguel de Allende, Comala o Tequisquiapan abundan); por ejemplo: las banquetas son igualitas en grietas, altura y distribución, incluso desaparecen donde uno supone desaparecerían en el DF, para angustia del peatón. Los negocios son muy similares: farmacias del Dr. Simi, Comex, McDonalds y un largo etcétera, pero lo que difiere es, por momentos, desconcertante.

Un ejemplo: un supermercado pintado de verde con franjas amarillas y rojas. Es una Bodega Aurrerá, pero no, es una Despensa Familiar. Otra. Una gasolinera, verde, blanca y roja; en vez de Pemex es Puma, y enfrente hay una Shell o Texaco, cosa inimaginable en México. No he visto Oxxos, pero algunos minisupers hay. Una cosa muy rara es que Guatemala parece obsesionada con el Pollo Campero. Este restaurante de pollo frito está en todos lados, literalmente. Conté hace unas horas cinco de estas franquicias en un rango de siete u ocho manzanas. El pollo que sirven no es malo (las papas las sirven sin sal, casi, cosa extrañísima), de hecho está bueno, pero sigue siendo pollo: no es nada que te hiciera llamar a casa corriendo a contarlo; no me explico su proliferación. Hablando de los Pollos Campero, me he encontrado con un fenómeno que me parece de lo más extraño: en estos restaurantes de comida rápida (y lo son) uno se sienta y ordena a un mesero de un menú; no sé por qué y ojalá alguien me lo hubiera explicado antes de quedar como un perfecto idiota la primera vez que entré a uno. Esto en contraste con todos los restaurantes de manteles largos a los que he podido ir, en los que me ha recibido un buffet. Así, en Guatemala, en la comida rápida un mesero te toma la orden y la lleva a tu mesa mientras que en los restaurantes en serio la cosa es de autoservicio. El mundo al revés.

Fuera de eso, los paisajes en Guatemala son preciosos; el clima es caliente pero agradable; a pesar de las advertencias no se siente insegura la ciudad (al menos no para este chilango no tan curtido); la gente es amable y sonriente. Me gusta, y se siente bien pagar con quetzales las cosas. Son lindos los billetes y además el nombre es cosa grande. Sería como cambiar el nombre de los pesos a Colibríes, u otra ave: te debo doscientos Pelícanos, güey.

13.6.12

¡silencio pollos pelones!

A continuación un pequeño fragmento de la obra ¡Silencio pollos pelones, ya les van a echar su maiz! del dramaturgo veracruzano Emilio Carballido (1925-2008). Farsa con música de Rafael Elizondo estrenada el 28 de agosto de 1963 en el Teatro del Seguro Social de Ciudad Juárez, Chihuahua.

---

CORO D y E: (Cantan)
Ya vinieron los votantes
los trajeron en camión
y les dieron barbacoa 
y harto pulque y un tostón.

Ahora toman la boleta 
con civismo y convicción 
reflexionan y ya eligen 
quién será gobernador.

La urna. Llega un votante algo borracho y con la barriga llena. Eructa, se limpia los dientes. Bandera desplegada al fondo, carteles con los colores del partido.


VOTANTE: ¿Y ora cómo voto?
INFORMANTE: Ponga una cruz en el nombre de su candidato.
VOTANTE: ¿Y cuál es mi candidato?
INFORMANTE: ¿No es usté mexicano? Vote por los colores de la bandera.
VOTANTE: ¡Ah, pues claro!

Pone una cruz y su huella digital. El informante acaba de llenar la boleta y la deposita. El votante se va eructando.

---

8.6.12

No te salves, Loret

No te salves, Loret. No puedes hacer nada más ya. ¿Para qué te salvas ahora que no te queda nada por salvar? ¿Tu matrimonio? ¿Tu prestigio? ¿Tu trabajo? ¿Y qué va a pasar cuando ya no le sirvas al que ahora te acoge? ¿Crees que vas a estar ahí toda la vida? Igual que un editor no tiene nada si no tiene catálogo y autores, un periodista no tiene nada si no tiene integridad y fuentes. Estás al borde de quedarte sin poder ser quien eres: lo que serás será sólo una sombra de lo que podrías haber sido. Y al final pensarás que te has salvado, cuando en realidad te has perdido. No te salves, Loret: renuncia, di lo que sabes, reconcíliate con tu prestigio, con la entereza que te quede. Sal a la calle, grita que no te has salvado, afirma que lo sientes y hazlo sentir. Sólo no salvándote comprenderás cómo el único modo de recuperar tu propia credibilidad es regalando lo que te queda a los demás. Afuera verás a mucha más gente que sabe perdonar de lo que esperas, porque todos entendemos tu miedo y nadie quisiera estar en tu lugar. Si te salvas ahora la calma sólo será pasajera. No te salves, Loret. Aviéntate al vacío y verás, a media caída, cuántos nos hemos aventado ya contigo.


Con agradecimiento a Mario Benedetti.

π días por lata

Esta es una entrada levemente matemática. 

Hemos hecho cuentas. 
Cada lata de fórmula de leche para los bebés trae 900 gramos. 
Cada cucharada de medida es de 5 gramos.
Asumimos un despercicio por lata de unos 20 gramos (error humano).
Los 880 gramos restantes entre cucharadas de cinco da a 176 cucharadas por lata.
Cada biberón lleva 7 cucharadas de fórmula; son dos bebés (14).
Las 176 cucharadas de fórmula entre 14 nos da 12.5714 comidas para dos bebés por lata.
Los bebés comen cuatro veces al día, por lo que dividimos las comidas por lata entre cuatro.
¿Resultado?

π (+/- .001) días por lata de fórmula.

28.5.12

De sistemas a sistemas

Casi todos comenzamos usando Windows. Esto es así con toda probabilidad, aunque hubo otros sistemas antes. Aunque Windows no ha sido nunca revolucionario (a pesar de que siempre ha querido mostarse como tal), lo cierto es que por algún tiempo fue mejor que lo que había antes y en el momento en términos de estabilidad, procesos, integración y compatibilidad. Windows fue un sistema ubicuo, y funcional, durante varios, muchos, años y nos acostumbramos a él.

Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo, Windows se empezó a llenar de problemas: corrupción (por virus y otras causas), procesos y programas innecesarios, piratería, pérdida de archivos, obsolescencia programada, incompatibilidad de elementos tanto internos como externos, mala asignación de recursos y prioridades, incapacidad para realizar procesos complejos específicos, comandos contradictorios, ayuda y soporte inservible o inexistente y los temidos errores fatales inesperados conocidos como "pantallas de la muerte". 

De vez en vez, Windows propone, aún, una actualización: nuevas versiones que prometen acabar con todos estos problemas pero que en esencia parten de lo mismo y muchas veces son menos estables y menos compatibles. Durante un tiempo estas actualizaciones de Windows fueron obligatorias. Las nuevas versiones de Windows muchas veces conllevan cambios que no son nada intuitivos, por lo que es necesario volver a aprender y acostumbrarse; eso cuando se puede instalar en tu configuración anterior y no se tiene que empezar de cero. No sólo eso, sino que el sistema mismo de Windows es cada vez más caro (licencia del sistema, licencia de paquetería de oficina, licencia de antivirus y todo el resto de programas) y viene con varias restricciones según la versión instalada. Para la siguiente versión Windows promete acabar con todos los problemas del pasado y mirar hacia el futuro, pero a muchos no los engaña: después de todo, Windows sigue siendo Windows.

Desde hace unos años, y cada vez más, muchos prefieren Mac en vez de Windows. Mientras que se puede decir que Mac fue el primer sistema innovador, el cruce de caminos con Windows al pasar de los años ha provocado que muchas cosas sean similares en ambos sistemas. Por ejemplo, mientras que algún tiempo fueron completamente incompatibles hoy se pueden intercambiar bajo la misma configuración, incluso sin reiniciar el sistema. Hay muchas cosas que Mac hace bien que Windows no: es más estable (aunque propenso a fallos), tiene menos procesos innecesarios (lo que permite enfoques específicos), es poco propenso a colgar programas y, aunque ya se han dado casos de corrupción por virus y malos elementos de software malintencionado, esto no es común todavía al nivel de Windows. 

El problema con Mac es de otra índole, pero similar: ambos sistemas, Mac y Windows, son de plataforma cerrada. Esto significa, en ambos casos, que no es fácil alterar el sistema para que haga lo que uno quiere si se tiene, por ejemplo, una necesidad específica pero no común. En el caso de Mac este problema es doble: la plataforma es cerrada también en sus elementos externos y cualquier alteración no autorizada, por mínima que sea, nulifica la garantía. En este sentido, al menos Windows te permite desarrollar, instalar y compartir nuevos elementos y partes de manera privada; Mac sólo permite  esto último previo pago de una licencia de desarrollo, muchas veces incosteable, o con partes autorizadas y carísimas. Por si fuera poco, la aprobación por parte de Mac depende de un proceso estricto de filtros insondeables y conservadores que se rehusan a llamar censura. 

Sí, el resultado es más estable, funcional y estético con Mac que con Windows, pero el costo de ello es altísimo, no sólo monetariamente: con Mac hay que renovarlo y recomprarlo todo continuamente, o volverse obsoleto. Lo que queda con Mac es esperar que la máquina no falle nunca, en ninguna de sus piezas o partes, porque reemplazarlas es imposible, cosa que siempre termina por pasar. Y por supuesto, muchos se van quedando atrás, y el costo aumenta: los resultados de las aplicaciones y elementos que compraste para uso con Mac no se pueden exportar a otro sistema fácilmente, a pesar de que sean tuyos. En este sentido, dejar a Mac atrás causa, artificialmente, aún más pavor que dejar a Windows, por miedo al costo en tiempo y dinero en la compatibilidad. Y Mac lleva tanto tiempo siendo Mac que es difícil que cambie.

Hay al menos una tercera opción, que es Ubuntu. Hay muchos "sabores" de este tipo de sistema, pero en este ejemplo hablaremos de Ubuntu por ser el de mayor uso. Aunque Mac y Ubuntu parten de lo mismo (no ser Windows, de entrada), las diferencias entre ambos son notorias. Ubuntu está construido sobre un sistema de plataforma libre recursiva, esto quiere decir, entre otras cosas, que es de uso y descarga gratuita, y también quiere decir que el usuario es libre de modificarlo y de compartir los cambios que le haga al sistema siempre que se mantenga la intención original. Con esta apertura en la base, la comunidad ha construido programas que hacen igual o mejor lo que hacen los de Windows y Mac, y, en la mayoría de los casos, estos programas son gratuitos, porque están construidos por los usuarios para el bien común. ¿De que viven los desarrolladores de Ubuntu, entonces? De vender plataformas profesionales para servidores y soporte e integración para empresas, por ejemplo, o de donativos, premios y hasta publicidad. La plataforma es libre para usuarios y para desarrolladores por igual.

Ubuntu está lejos de ser un sistema con la especificidad de Mac o la amplitud de Windows, pero funciona. El chiste de Ubuntu, en ese sentido, es doble: uno tiene que trabajar más para que Ubuntu funcione, pero una vez que lo hace, lo hace mejor que los otros sistemas. Esto es, en parte, porque es abierto y todos pueden ver cómo funciona y se puede modificar en todas sus partes. Y el sistema abierto de Ubuntu también es garantía de mayor seguridad: parece contradictorio, pero las llaves disponibles y las puertas abiertas significan mayor seguridad para el conjunto, a través de la transparencia y la igualdad entre usuarios y desarroladores. No hay virus, y el software malintencionado desaparece por la autoregulación de los miembros de la comunidad. Esto no significa que Ubuntu no se trabe o no se descomponga: lo hace, pero hay modo de arreglar el problema sin que el costo sea mayor. 

Ubuntu está muy distante de ser perfecto. Tal vez nunca lo sea, y el que se tenga que trabajar para que funcione aleja a muchos usuarios que prefieren los jardines cerrados y funcionalidad automática de Mac. Incluso puede ser que mañana se decida que se va a hacer de Ubuntu un sistema cerrado por pago, o puede ser que por falta de interés de la comunidad Ubuntu se llene de corrupción y virus como Windows. Sin embargo, si eso ocurriera, bastará con migrar de Ubuntu a otro nuevo sistema abierto sin siquiera tocarse el corazón: uno no pierde ni compatibilidad ni archivos, ni derechos de uso, al pasarse a otro sistema abierto. También es cierto que Ubuntu es mucho menos conocido que Mac y que Windows. No es de extrañar: a los monopolios que mantienen restricciones en uso y licencias de programas y archivos en Mac y Windows, que han ganado sus posiciones porque se alimentan unos a otros, no les conviene que se cambien usuarios a Ubuntu, y por ello inundan el mercado con publicidad que ahoga las voces que sugieren un cambio. Pero la marcha es incontenible, porque no importa que el sistema sea Ubuntu o cualquier otro, siempre que sea de plataforma libre.

Lo cierto es que, aún tomando en cuenta sus respectivos fallos, hay mucha más gente contenta con Mac o con Ubuntu que la que está a disgusto con ellos. Si uno ya es de Mac o de Ubuntu desde hace tiempo lo último que se debe hacer es acusar a los otros por no dejar a Windows antes: la mayoría que se anima a dejar Windows no lo había hecho antes porque no había posibilidad: era Windows o incompatibilidad y una percepción de inestabilidad; esto provoca miedo y el miedo es la mejor arma de conservación de usuarios de Windows. 

Para terminar, sólo agregar que conozco a varios que han dejado Windows y han cambiado entre Ubuntu y Mac alguna vez; lo que no conozco es a nadie que haya probado en serio Mac o Ubuntu y quiera volver a Windows.

-----



25.3.12

#novotescontrainternet

Estoy sumamente decepcionado del internet. Más bien de su futuro. No pasa un día sin que surja alguna propuesta en la que se restrinjan los derechos de las personas en la red, en aras de puras mentiras: el copyright, el bienestar mundial, la estabilidad política, económica, moral o religiosa.

Si no es la gran planta de espionaje de todo el internet del FBI y la CIA, la ley HADOPI en Francia, SOPA o PIPA en Estados Unidos, la Ley Doring en México, la ley para quitar todo el porno del internet en Egipto, o la Gran Muralla de Fuego en China, entonces es la Digital Economy Bill en el Reino Unido, la Ley Sinde-Wert en España, las leyes propuestas en Canadá, el tratado ACTA internacional o las múltiples propuestas de la OMPI para extender los plazos de copyright (no vaya a ser que los tataranietos del artista, o más bien los del CEO de la compañía productora, tengan que trabajar algún día), por mencionar sólo algunas. Todas, propuestas para censurar todo y cobrar por el resto, aunque sus ejércitos de publirrelacionistas lo nieguen.

Llámenme iluso, pero de verdad pensé que en vez de acercarnos a 1984 nos alejaríamos.
En vez de llegar al Mundo feliz de Huxley, pensé que iríamos a un mundo menos perfecto, pero más humano.
Lo cierto es que los verderos opresores somos nosotros mismos: el Soylent Green sí está hecho de gente; la Matrix existe, pero no con máquinas, sino con personas que quieren controlarlo todo.

¿Y qué hace la mayoría? ¿Qué hacemos? Nada. O entrar a Facebook a ver fotos, que es lo mismo.

Parafraseando a Franklin: Aquellos que limitan el internet en aras de un beneficio económico, no merecen tener ni uno ni otro.

No voy a votar por nadie, nadie de ningún partido, que no prometa, al menos, defender el estado actual del internet como un bien común y garantizar su neutralidad. Esto como mínimo. Los invito a todos a hacer lo mismo. #novotescontrainternet