tiempo de explicar el título del blog
Según la mitología Azteca (civilización que controlaba la mayor parte de lo que ahora es México antes de la llegada de los Españoles) existían 13 cielos y 7 infiernos, todos ellos habitados por diferentes deidades. A los infiernos accedían las almas de los muertos dependiendo de la forma en la que hubiesen fallecido o de la ocupación que el difunto tenía en vida.
El más importante de estos cielos, el más alejado de la tierra era Omeyocan “el cielo doble”, que ocupaba los lugares 13 y 12. En este cielo se dice que estaban las almas de los niños que habían muerto antes de tener uso de razón, y donde se engendraban las almas de los hombres, que eran alimentadas por un árbol que destila leche. Esperaban la destrucción de la presente humanidad por el cataclismo final (un temblor) y reencarnar en la nueva humanidad.
En el Omeyocan vivían la pareja creadora, llamada Ometeotl o 'señor dual', conformada por los dioses creadores Ometecuhtli “doble señor” y Omecíhuatl “doble señora”. También eran llamados “señor y señora de nuestra carne o de nuestro sustento”. Estaba por encima de las demás divinidades y de las vicisitudes mundanas. Como dios de la dualidad, Ometeotl remite a la creencia presente en otras culturas (antiguos germanos, Irán, Indonesia o África) en un ser andrógino, que representa la coincidencia de los opuestos: hombre y mujer, movimiento y quietud, luz y oscuridad, orden y caos. Esta ambigüedad primordial se refleja también en otras figuras mitológicas. Se representaban con símbolos de la fertilidad y adornados con mazorcas de maíz, pues son el origen de la generación y los señores de la vida y los alimentos.
En cuanto dualidad o andrógino ( que tiene los dos sexos ), Ometeotl reúne en sí las polaridades del universo.
Según una de las versiones que hay al respecto, Ometecuhtli y Omecíhuatl, también llamados Tonacatehcutli y Tonacacíhuatl, tuvieron cuatro hijos: Tezcaplipoca, Quetzalcóatl, Xipe y Huitzilopochtli, las cuatro principales deidades mexicas.
A diferencia de éstos últimos, los creadores originales nunca murieron y no recibieron veneración de los hombres, quienes deben dirigirse a sus dioses creadores. Ometeotl y Omecihuatl viven en el cielo más alto y no se ocupan del mundo sino para enviar chispas de vida que bajan de la mujer que da a luz. Siguen pues, siendo los dueños de la vida.
*Este texto es una modificación de uno que encontré en la red.




































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